sábado, 9 de abril de 2016

Cuesta la razón


Cae la tarde y la tensión vuelve 

El nudo se aprieta 
Nada se bifurca, todo se ensimisma 
Tan sólo permite que las vísceras descansen 
Pero no 
La angustia, el hambre, el ansia por probarlo todo 
Tuerce, trastoca 
La taquicardia se funde con el sonido del goteo 
¿Cuánta voracidad cabe en un ser humano? 
Recostarse sobre el césped húmedo 
Acariciar las entrañas 
Contemplar el vacío que se niega a reconocerse 
¿Cuántos alaridos al alba construyen una oración? 
He decidido no emerger
Y Herman Hesse me espera con esa puerta abierta 
Esa entrada, solo para mí 
Solo para mí 
Los pies me crujen, pesados, lánguidos e hiperactivos a la vez 
La llave sigue goteando 
Mis manos rozan con el frío y blanco mármol de una pared 
Y recuerdo lo hermosa que es la frescura 
Lo frío, lo fresco, lo blanco, lo nuevo 
La gente en las gasolineras, en los oxxos, en los parques 
Me recuerda lo aburrida y fácil que puede ser la vida 
Y me quedo 
Me quedo con mis arranques y mis quiebres 
Me quedo con mi melancolía 
Y con mis catedrales incendiadas 
Aunque me cueste la razón.

Musas muertas


Por momentos pareciera que las musas han muerto. 

Este estado de paz, de claridad mental, limita mi creatividad.
Siento mi cognición ampliarse y abarcar cada recoveco, disipar toda duda. 
De repente todo es tan transparente, tan sí mismo, tan obvio. 
Las cosas se muestran en su esencia pura y simple. 
Y hay calma, demasiada. 
Y si, el sufrimiento se va. 
Mas pareciera que solo la perturbación orillara a mi mente a ese desdoble tan sincero, 
a esa desnudez interior, 
a esa, la expresión última de mi yo. 
O mas bien, de ese yo.
Esos estados de profundo quiebre, 
en los que la razón no está segura de serlo.
Ese tocando fondo, 
esa agonía inherente al solo hecho de vivir, 
rasga en lo más profundo de mis entrañas 
ubicándome en la disyuntiva entre morir o arrojarlo todo, 
vomitarlo, escupirlo, vaciarme. 
Es como un extrañar la melancolía, 
ansiar la nostalgia para que zarandée el espíritu 
y así pueda desenvainarse. 
Forzarlo a vomitar tanto dolor. 
Por otro lado, la calma, 
ésta extraña y un poco ajena pasividad, 
parece hacerle bien a cierta parte de mí, 
como si la salvara incluso. 
Como si me salvara incluso. 
Pero hay otra parte en mí que pierde, 
como si esa calma la meciera hasta adormecerla 
y la amansara de algún modo. 
En un punto comprendo que me estoy domando 
y que es necesario bajar el ritmo y sólo contemplar. 
Es sólo que esa parte está quizá tan acostumbrada a la tristeza, 
a la oscuridad y a lo visceral, 
que se ve limitada, 
casi imposibilitada 
para gritar desde esa voz ulterior 
al no encontrar ataque contra el cual defenderse. 
Y temo perderla. 
Quizá sea momento de abandonar las armas definitivamente 
y solo contemplar qué sucede. 
Por supuesto ello no implica que baje la guardia. 
Y los demonios al acecho. 
Siempre. 
Lo sé.

En el fondo


Y en lo claro busco
La mano extendida
La palabra mágica
La vela encendida
Mas se que al encontrarla
Habré de rechazarla
Dudaré de todo
Y volveré a lo oscuro.
Más no porque mi alma
No anhele el consuelo
Ni porque mi estero
No quiera inundarse
Aunque sanar la herida
Es mi mayor deseo
Huyo del consuelo
Y regreso a mi cárcel.
Este autoflagelo
que cruelmente me impongo
Busca redimirme
Llevándome al fondo
Pues es en el fondo
Donde uno descubre
Que, o vences al miedo
O el alma se pudre.

Elija Ud.


Ando vendiendo cánceres para los que quieren expiar culpas. Cuerdas de ahorcar para los más decididos, dosificadores con arsénico para los masoquistas silenciosos, navajas afiladísimas para los dramáticos.
Traigo, también, frasquitos de 10 mg. de saltar a las vías, lanzarse desde el puente, y desde lo alto de un edificio. Este último en presentaciones de 5to, 7mo, y 11avo piso, con respectivo aumento de precio al incrementarse la altura y, por ende, la efectividad. También se pueden adquirir en kit con cobertura de consecuencias; el de 5to piso vendría incluyendo lo que es ambulancia, hospitalización, familiares compungidos y un ramo de flores al cuarto; el de 7mo abarcaría todo lo anterior y/o un féretro, gastos de entierro, un espacio en el cementerio de su elección, y los llorantes; el de 11avo piso, le incluiría todo lo referente al funeral mas una esquela en el periódico de su elección y un espacio en la memoria de un ser querido a elección suya por espacio de 2 años. En caso de no morir, los gastos de hospitalización correrían por su cuenta. Después, para los más valientes, esos que gustan de paladear la muerte todos los días, esos que quieren vivir muriendo un poquito a cada instante, que siempre ansían estar al borde, para esos, traigo ampolletas inyectables de amor fulminante. Pero ojo, una vez aplicada la ampolleta, no hay remedio alguno que pueda contrarrestar el efecto. Por ésto, quienes deseen adquirirla deberán firmar una responsiva donde afirman conocer y aceptar todos los efectos colaterales, los cuales incluirían todos o algunos de los enunciados en la lista siguiente: insomnio, mareos, ansiedad, taquicardia, comezón en el esófago, ardor en el alma, rabia en las entrañas, confianza plena en el mundo seguida de una desconfianza atroz en todo, alta vulnerabilidad, ganas de morir en serio, ganas de no morir nunca, trastorno de la personalidad, ganas de ser el otro, espasmos emocionales, convulsiones espirituales, y, por último, una total incertidumbre.

Baires


Y te sufro así nomás
Parda, fatigada
Llena de recuerdos
Pero ajenos y privados.
Sin devolverme nada
Ni abrazarme desde adentro
Ni memorias rescatadas
Ni olores de mi infancia.
Te camino así nomás
Con fastidio, con desgano
Pateo con rabia tus calles,
Te escupo y te reclamo
Que no me hayas recordado.
No has venido a mi encuentro
Ni me arañaste de ayeres
Ni trajiste un viento antaño
Ni sacudida rabiosa
Ni el tren, fantasmas, las noches
Ni recuerdos inventados.
Y te vivo así nomás
Con esa nostalgia arraigada
Con ese cielo inmutable
Tu frialdad, tu indiferencia
Que hasta el mate de la tarde
Me aliena
Y dice
Noteconozco
Crudeza
Desangelado, baldosas frías, una copa más de vino.
Y demasiado tiempo para pensar.
La distancia no hace mella en los demonios
Que no conocen, de espacio-tiempo
De atardeceres ni de jardines con pileta.
Solo saben de hambre de no sé qué,
De algún agujero en no sé dónde
Y de cosas hechas jirones.

3:44 am


Y, un poco como en la casa Usher. En las gastadas esquinas de los muebles de madera, se asoman manchitas de olvido; las cuarteaduras de las viejas losetas permiten observar colonias de diminutas y lánguidas tristezas de arrabal; y el gato que se postra cada noche sobre mi silla es como el tiempo, inamovible, perpetuo, con ojos de todos morimos. Con una calma de sabios. Y las paredes siguen cayendo a pedazos, y las luces se van atenuando, mientras el destino nos alcanza, y los designios se cumplen.

Lo salvaje


Busco el punto
donde conecto
Donde la brisa premonitoria de lluvia
se mete aquí bien dentro
y anuncia
tormentas impetuosas
y ríos que corren intrépidos
sin cauce definido
buscando desembocar
en algún papel vacío.
Ese punto donde comulgo
con mis sombras danzantes
con las ramas de los árboles
que se mecen furiosas
con la hoguera ancestral
de aquelarres secretos.
Ese lugar oculto
por muros de papel
que se humedecen y desmoronan
cuando Lo Salvaje llama.
Ahí donde convergen
la esencia y el origen
Donde solo hay
sustancia primaria
idea creadora
fuego fatuo.
Donde voces sin memoria
susurran al oído
seducen las entrañas
incitan a la danza
Y acudo al llamado.

Me vi morir con los pájaros


Ayer me soñé
Al borde de los mundos
Hermosas flores color púrpura
Se abrían de cara a la luna
Mientras con el atardecer
Morían los últimos pájaros.
La muerte tomaba mi mano
Y me invitaba a danzar con el sol
Mientras su huesos se cubrían de carne
Y comenzaban a asomar los míos.
Entonces tuve una visión
Me vi morir con los pájaros
Y marchitarme en el ocaso.
Mas no dudé ni un instante
Y acepté la invitación
No hubo molécula mía
Que resistiera a la danza
Y abrazada de la muerte
Atardecí con el sol
Y fuí entonces
Pájaro muerto
Flor púrpura
Luna y ocaso
Alba
Incluso la misma muerte.

La rueca


Apaga el interruptor por favor
Solo un café más
La luna quiere entrar y olvidaste abrir la ventana
Hace tanto que perdí el hilo
Pero ahora tengo muchos
Pequeños y dispersos
Pero muchos
Y no empezaré a priorizar
El frío se cuela por mis calcetines
Me lleva a la cama
Mañana al despertar habrá una enorme madeja
Lo sé
Y la desenredaré en el papel
Y en el café
Y saldrá por la ventana
Y regresará con la luna a cuestas
No puedes olvidar abrir la ventana

He sido


Solo he vuelto para escribirlo
Para que quede constancia
De que he sido
Un grito oscuro
Un funeral de pájaros
Su cielo y su tumba
La flor que estalla al amanecer
El grillo que canta
Hasta su última exhalación
El remanso de un río
Y también su catarata
El frío mortecino
Que acecha al agonizante
Y la brisa fresca
De una playa soñada
Tormenta devastadora
Y amanecer de invierno
Tierra húmeda
Roca
Alarido nocturno
Un vuelco en el corazón
Y el mar
El mar

Que arda

Embriaga mi razón
Un desconcierto nocivo
A cuyo dolor la ciencia
No otorga paliativo

Mas un deseo furtivo
Se vuelve una exigencia
Que arda la razón
Y atisbe al fin la esencia

En la otra orilla


En la otra orilla acechaba
Hambrienta y despiadada

La tierra fango
El mar abismo
El corazón exaltado al choque de las miradas
El remar acelerado
Y el cauce estrecho y piltrafa

El mango del remo podrido
Las ganas desparramadas
Los hilos de plata rotos
Nunca más un reino manso
Un abrazo tibio
Ni la cadencia soporífera
Del cómodo devenir

El salto pedía a gritos
Ser ejecutado
Con hermosa precisión
Las entrañas bien atadas
Sin retorno
Sin oasis

Y en la otra orilla acechaba
Voraz y vertiginosa
La lengua sedienta asomando
Ancestros en la mirada
Y un rojo intenso en la voz

Pero la tierra fango
Y el mar abismo
El remo roto
El río pantano

Presa del miedo
Y las manos pequeñas
Como escondidas
La inmensidad abrumadora
Y el aliento por lo bajo

La visión nublada
No te dejes arrastrar
No cierres los ojos
La orilla está cerca
La batalla debe librarse

Pero la tierra abismo
El mar fango
El remo pantano
El río roto
Los ojos cerrados
Y la orilla lejana

Y la corriente suave y fácil
La corriente suave y fácil

En esa otra orilla
Así pasen mil eones
se pulvericen las rocas
Y se congelen los ríos
Hambrienta y despiadada
Con la paciencia de un muerto
Aguardará tu regreso

Con la mirada fuego
Con las entrañas rojas
Y tus miedos en la mano

Y entonces


Toma lo que quieras de mí
Vacíame
Arráncame todo lo que necesites

Esta estúpida transparencia
Atenta contra mí
Te vomito mi ser
Te escupo mis entrañas
Para vincular
Para fundirme
Con el secreto anhelo de dejar de ser yo
Y salgo a la noche cargada
Las máscaras en el bolsillo
Busco una cloaca abierta
Un pedazo de mundo solo
Desdoblarme en la secrecía de la penumbra
Mientras tú, ustedes, ellos
Ya no existen
Nunca lo han hecho
Solo saltan mil veces del puente
Cada vez el mismo
Pero distinto
Pedazos de mí que representan
Esta tragicomedia
Sin cuarta pared
Sin telón
Tan solo la pobre y estúpida subjetividad
De esta consciencia que reniega de su existencia
Pero grita desde un pedestal
Articulando gestos de director de orquesta
Con pavor a saltar también.

Toma lo que quieras de mí
Vacíame
Devora mis vísceras hasta saciarte

Mis canales abiertos
Como un sistema de autodestrucción
Aprieta el botón
Que corra la sangre
Que no quede nada
Vuélveme desierto
Y entonces, quizás,
Tan despojada
Tan nada de ustedes

Tan nada de nadie
Tan nada
Sepa quién soy
Sepa quién soy.